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jueves, 20 de septiembre de 2007

Olvídese de los expertos

Si quiere innovar, contrate ignorantes experimentados

¿Alguna vez ha escuchado el refrán que dice “la ignorancia siempre es atrevida?” Pues para innovar, es necesario atreverse.

Resulta extraño ante la mirada externa que las empresas que intentan innovar para obtener mejores resultados, destacarse de su competencia, sacar nuevos productos al mercado, o en resumidas cuentas, encontrar el “tesoro escondido” que les lleve al éxito, en sus ofertas de empleo pidan gente innovadora y un mínimo de tres, cinco o más años de experiencia en puestos similares. A priori, parecerían características contrapuestas.

La innovación, según la entiendo, consta de tres fases: la disposición, la creación y la implementación. A su vez, cada fase está integrada por una serie de factores. La primera fase la componen factores como: la inquietud, la inconformidad o la incomodidad. Estos tres factores, son en realidad tres emociones. Cuando uno siente la inquietud de mejorar, la inquietud de que hay algo más que se puede hacer y que no se está haciendo, el inconformismo con una situación dada o la incomodidad de tener que hacer algo que no sabemos cómo hacerlo, nuestro cerebro comienza a imaginar soluciones, a jugar con ideas nuevas, a pensar de manera diferente.

Para innovar es necesario pasar por esta primera fase, entendiendo que las emociones opuestas –comodidad, conformismo o tranquilidad – son las mayores enemigas de la innovación. Cuando una persona posee una experiencia de cierta cantidad de años en un sector, tiende a pensar de manera estructurada en las soluciones a los problemas que se le puedan presentar. Su imaginación no se pone en marcha porque posee las soluciones, pero éstas son las ya conocidas, las ya experimentadas y las no innovadoras.

Todos los días se lanzan al mercado miles de productos y servicios nuevos, que en su gran mayoría son productos y/o servicios igual a sus hermanos anteriores pero con un empaquetamiento diferente, con pequeñas modificaciones, sin tratarse en su gran mayoría de productos realmente innovadores, diferenciadores, que realmente sean atractivos y, aunque puedan no ser necesarios, se conviertan en una necesidad para el consumidor. Esto sucede, principalmente, porque en las empresas hay gente muy capacitada, muy conocedora del negocio, con años de experiencia y poco o nada ignorante.

La ignorancia es justamente la ausencia de conocimiento. Cuando encontramos dentro nuestro un punto de ignorancia, es como descubrir oro en nuestro cerebro. ¡No sabemos, no entendemos!. Y resulta que el pensamiento racional, linear y verbal se halla en el lado izquierdo del cerebro, aquel que desde que comenzamos nuestra educación formal a los 6 años tiene mayor preponderancia. Pero cuando encontramos una laguna de conocimiento, un punto de ignorancia, nuestro tan utilizado lado izquierdo se frustra, no encuentra soluciones, se atasca y en su salvación interviene el lado derecho, el ángel de la creatividad. El lado derecho del cerebro es donde reside nuestra capacidad de interpretación, de abstracción y de pensamiento creativo. Por ello, la ignorancia puede resultar una gran habilidad para la innovación y el conocimiento profundo de un área, un obstáculo. El desconocimiento de un tema genera la necesidad de entenderlo para así superar las barreras. Y es el lado derecho del cerebro el que comienza a funcionar buscando nuevos horizontes.

Las personas con perfil innovador tienen una característica en común: su inquietud. La inquietud genera la necesidad de investigar, de adentrarse en mundos desconocidos, de absorber nuevas experiencias. Un perfil innovador busca el cambio y desafía lo establecido. Es a este tipo de personas que yo denomino ignorantes experimentados, porque generalmente poseen una gran cantidad y variedad de experiencias y no se adaptan a la rutina, pero como el conocimiento es ilimitado y ansían las nuevas experiencias serán quienes puedan tener una mirada fresca, diferente, ignorante, atrevida y experimentada a la vez ante una nueva situación. La variedad de experiencias que han vivido son las que les permiten conectar un concepto con otro, llegando a soluciones y productos realmente innovadores.

martes, 24 de julio de 2007

Desarrollar el comportamiento innovador

Es cierto que las empresas cada día buscan más perfiles innovadores, que sean capaces de aportar soluciones y mejorar los resultados. Año tras año, se enfrentan al desafío de superar los objetivos de negocio del año anterior, a menudo con menor inversión. Por lógica, la captación de perfiles innovadores, con capacidad para proveer soluciones se ha convertido en la gran batalla. Pero no hay que desesperar, ni tampoco entrar en guerra, simplemente hay que desarrollar comportamientos innovadores dentro de la empresa, con el personal existente.

Lograr mejorar los resultados requerirá el desarrollo de nuevas acciones, o por lo menos, una mejora sustancial en la manera de realizar las tareas que hasta el momento han funcionado. Sin embargo, hacer cosas diferentes no necesariamente significa grandes inversiones, estudios costosísimos, estrategias elaboradas. Simplemente, significa intentar encontrar otro punto de vista a nuestra ya conocida realidad. Encontrar un nuevo punto de vista, disparará automáticamente nuevas soluciones en nuestro cerebro. Para ilustrar esto pensemos en una foto y nos daremos cuenta cómo con el mismo escenario y con el mismo equipo fotográfico, cuando cambiamos el punto de vista la foto cambia completamente. Lo mismo pasa con nuestro cerebro. Cambiamos el punto de vista de una realidad, el ángulo desde la cual la observamos y percibimos, y automáticamente nuestro cerebro produce nuevas soluciones.

¿El perfil innovador es un talento o un comportamiento? Cierto es que hay personas que tienen como habilidad natural la creatividad y la innovación. Habilidad que poseen los departamentos creativos en las agencias de marketing, artistas, escritores. Sin embargo, recuerdo un curso de dibujo que hice hace muchos años en Estados Unidos donde la base del aprendizaje se centraba en despertar el lado derecho del cerebro, el lado creativo, el que propone soluciones. Para ello, la técnica era bastante sencilla: se trataba de confundir al lado izquierdo, ese que está acostumbrado a actuar en la mayor parte del tiempo y a proporcionarnos soluciones lógicas y estructuradas. Confundido el lado izquierdo, el derecho es el que comienza a funcionar. Desarrollar el comportamiento de activar el lado derecho, no solamente es posible, sino que además es enriquecedor y alentador, divertido y emocionante, ya que nos lleva a descubrir cosas nuevas.

La vida en la empresa desarrolla el lado racional, o lado izquierdo del cerebro. El que entiende e interpreta las circunstancias y desarrolla soluciones lógicas. Y frecuentemente es el encargado de decir que para conseguir más resultados hay que hacer más de lo mismo. Sin embargo, esto no es necesariamente cierto.

Si el objetivo es más por menos, o sea, mayores resultados con menor inversión, cualquiera sabe que más por menos da como resultado un número negativo. Y la realidad es así. O cambias el signo, como en una ecuación matemática, u obtendrás un resultado negativo.

¿Cómo hacer que más por menos arroje un resultado positivo? Cambiando los parámetros, las creencias, los paradigmas y en definitiva el comportamiento. Bien sabido es que para conseguir resultados diferentes hay que hacer las mismas cosas de manera diferente o hacer cosas diferentes. Sin embargo, presos de nuestro lado izquierdo durante las horas de trabajo, es difícil dejar paso al lado derecho, el innovador, intuitivo y proveedor de soluciones diferentes. Para lograrlo, se requiere un cambio de comportamiento.

La experimentación es la mejor manera de incorporar nuevos aprendizajes en un cerebro adulto, lleno de experiencias de vida que han determinado los comportamientos. Es necesario incorporar nuevas experiencias para cambiar el comportamiento. Mientras que el talento es una habilidad natural, el comportamiento se puede moldear y adquirir a través de la experiencia. Por lo tanto, no hay que desesperar, ya que la creatividad y las ideas no son exclusivas de los artistas.

La innovación en la empresa, no solamente debe ser parte de los objetivos, sino también debe formar parte de un aprendizaje y ejercitación constante. Y el comportamiento, como ya he mencionado, se adquiere y cuanto más se ejercita, más naturalmente se pone en práctica en el día a día.

Mariana Ferrari, es Asesora de Empresas y especialista en innovación, marketing y estrategia. Autora de La Puta Vida Corporativa, creadora del proceso-i y del Plan Cangrejo, con más de veinte años de experiencia internacional en compañías multinacionales.