El poder que tú les des
Una "colega" mía me ha dejado un tristísimo mensaje en mi artículo anterior de "atrévete mujer". Si queréis mirarlo es un anónimo, publicado a fecha de hoy.
Querdia ex "colega": este artículo te lo dedico a ti y a través de ti a tantísima otra gente que sufre acoso laboral en el trabajo.
Primero que nada, gracias por escribirme y motivarme a que siga publicando, porque los días se nos pasan y nos dedicamos a lo urgente, siempre urgente... pero frecuentemente poco importante.
Hace años trabajé en una empresa donde SUFRÍ exactamente lo que tú estás pasando hoy. Un acoso laboral, el famoso "mobbing" como le llaman ahora, descarado e inmerecido (porque nadie se lo merece). Eran Navidades y llevaba meses aguantando el tirón. Me habían quitado a todo mi equipo y despacho. Solamente me habían dejado clientes porque éstos sólo querían trabajar conmigo (prueba de ello es que cuando me fui, no trabajaron más con esa compañía). Intentaba ser fuerte, pero no podía más. Lo peor es que ante un trato así por parte de los "jefes", el resto de los empleados se "alinean" y pasan de ser tus compañeros a unos perfectos idiotas que intentan no tener que hablar contigo, no vaya a ser que se contagien el "virus".
Un 20 de diciembre por la mañana no pude más y rompí a llorar. Tanto que decidí irme a un psicólogo en urgencias y me dijo algo que quiero trasladarte a ti: No puedes darle a nadie en esta tierra el poder de hacerte tanto daño. ¡Cuánta razón tenía! El poder se los había dado yo.
Por suerte me había cogido vacaciones y hasta el 8 de enero no tenía que volver a trabajar. Tuve mi tiempo para pensar en mi estrategia. El tiempo y el espacio son fantásticos para quitarte esa nube que tienes delante que no te deja pensar con cordura. Y entonces lo tuve claro: cualquier acción de mobbing o acoso laboral se ejerce cuando la empresa tiene algo que teme, algo que perder. Si no tuvieran nada que perder te despiden y punto. En las empresas grandes el despido o no despido no es una cuestión de presupuesto; es una cuestión de "temor, poder". En ese mismo instante me puse a pensar qué miedo tendrían, quién lo tendría y por qué. Y lo tuve clarísimo. El 8 de enero me presenté ante el "temeroso" y se lo planté en la cara: "o cambia la situación HOY o ésto te costará tu puesto". La historia cambió tan radicalmente que el día que me fui de esa empresa me llamó hasta el Director de RRHH internacionales para ver qué podían hacer porque me quedara.
Una cosa me quedó clara: el acosador siempre es temeroso y su estrategia es la agresión. El problema está en dejarse agredir. Hay que plantar cara, mirarle a los ojos y decirle claramente que sus temores serán fundados donde la situación no cambie.
No olvidemos que las "empresas" no acosan, las "empresas" no abusan... son las personas que las componen las que emprenden esas acciones. Ponle cara y ojos y verás cómo cambia la historia.
No le des el poder de hacerte daño a nadie: ni en lo profesional ni en lo personal.